Anna O. era el nombre clínico que el doctor
Joseph Breuer, amigo de
Sigmund Freud, asignó a una de sus pacientes,
Bertha Pappenheim. Era la tercera hija de tres hermanas. Su nacimiento fue seguido por el de un cuarto hijo varón. Anna O. fue educada en una escuela católica aunque procedía de una familia de judíos tradicionalistas y tuvo la educación que normalmente se reservaba a las muchachas de buena familia.
En el año
1880, esta joven de 21 años comenzó a tener ciertos trastornos psicológicos cuando su padre cae enfermo de un absceso del pulmón. Al serle prohibido el cuidado de su padre, cuya extrema dedicación, la había llevado a dejar de comer, el cuadro se agrava y se presenta una histeria cuyos síntomas principales afectan a los ojos, estrabismo, diplopía. Había igualmente, parálisis del cuello, dolores de cabeza, anestesia del brazo derecho así como contracción de la mitad derecha del cuerpo. Estos síntomas se extendieron finalmente por todo el cuerpo. También se revelaron otros síntomas de conversión como perturbaciones del lenguaje, mutismo histérico y sobretodo el olvido radical de su propia lengua. Finalmente perturbaciones psíquicas en forma de alucinaciones angustiosas con percepción de serpientes. Todo ello acompañado de irritabilidad, rotura de vestidos, destrucción de objetos y vociferaciones.
Cuando muere el padre en
Abril de 1881, tras dos días de postración el cuadro se agrava con la aparición de una ceguera histérica consistente en que la enferma no veía a ciertas personas que se encontraban delante de ella. Además hubo un claro fortalecimiento de las actitudes anoréxicas. A partir de éste momento, Breuer ve a su enferma varias veces al día, la alimenta personalmente con su mano y Anna O., ya no aceptará alimento de ninguna otra persona. Es en este momento cuando Anna O. habla de la cura por la palabra
(“talking cure”). Dos meses más tarde, a causa de sus impulsos suicidas, se traslada al campo donde su médico seguirá viéndola varias veces por semana.
El final del tratamiento se sitúa en
Junio de 1882, fecha en la que
Breuer declaró a Anna O. curada. Sin embargo no puede considerarse del todo exacto, puesto que más tarde hubo de ser hospitalizada en un sanatorio, lo que si era cierto es que
a partir de 1887 apareció una mejora que se confirmaría en
1890, fecha en que se trasladó al medio materno, Francfort del Main.
Hasta aquí el caso clínico de Anna O. y el comienzo de la vida de
Bertha Papenheim que transforma la producción de síntomas en producción creadora acotada al ámbito social. Asumió la dirección de un orfanato, fundó una asociación de mujeres y creó un hogar para muchachas en peligro social y para madres solteras dónde residirá hasta su muerte en
1936.
Realizó numerosos viajes a Europa del Este y al Oriente Medio y preparó sus intervenciones en cuantiosos Congresos en los que siempre se hizo notar por su talante belicoso y mordaz asumiendo la defensa de los débiles y los oprimidos.
Tres temas principales constituyen el armazón de su lucha:
1) La lucha contra la trata de blancas. Numerosos judíos del Este se veían privados de papeles de identidad; organismos de beneficencia les proporcionaban papeles falsos particularmente a las muchachas. Pero en realidad, un cierto número de estas organizaciones desembocaban en redes de trata de blancas que proveían de esta manera cadenas de burdeles, sobretodo en América del Sur.
2) Reivindicación de la cultura y la emancipación de la mujer.
3) Algo que atañía a la ley judía, a
la “agouna”. Agouna significa en hebreo una mujer cuyo marido la ha repudiado sin divorcio. Según la Ley judía esta mujer no puede volverse a casar.
Hay en Anna O. una rebeldía que se manifiesta en cierta rivalidad con el hombre, pero sus posiciones son muy modernas pues ya se decanta una conducta de sufragista. Anna O. muere a los 77 años y aunque en las cartas que se conservan de ella se queja de álgias variables, estos dolores no le impiden llevar una vida activa y provechosa hasta el final de sus días.