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PARA EL PSICOANÁLISIS NO SOMOS UN CUERPO, SINO QUE "TENEMOS UN CUERPO"
La conferencia dentro del espacio de formación especializada 2009, fue expuesta por Cecilia Quinn, colaboradora del EFP, bajo el título "Cuestiones del cuerpo femenino"
"Para el psicoanálisis no somos un cuerpo, sino que tenemos un cuerpo". Éste fue uno de los lemas de Freud, que argumentó la psicoanalista Cecilia Quinn en su conferencia, "Cuestiones del cuerpo femenino", que tuvo lugar el pasado 26 de junio en el Centro de la Fundación ANNA O.
En la primera parte de la conferencia, Quinn expuso los diferentes matices contrapuestos que tiene el cuerpo femenino, como son el de "musa inspiradora", "madre inmaculada", o "loca, bruja, prostituta". "De diosas a ser quemadas en las hogueras... versión actual: ingresadas o medicadas en exceso para mantenerlas calladas", expuso la psicoanalista. "Escuchamos con frecuencia que el mundo femenino es difícil de comprender por los hombres... pasando por alto que también resulta problemático y misterioso, aún para las mismas mujeres", continuó Cecilia.
La psicoanalista también reconoció que la medicina y el psicoanálisis no tienen el mismo concepto del cuerpo femenino. "Freud, siendo médico, se ocupó de transmitir que el cuerpo del que se ocupa la medicina no es el mismo que reconocemos en psicoanálisis. La medicina aplaude el silencio de los órganos y el psicoanálisis acoge que el cuerpo hable. Para el psicoanálisis no somos un cuerpo sino que "tenemos" un cuerpo. Y en tanto se tiene, es algo con lo que hay que lidiar: levantarlo, higienizarlo, vestirlo, trasladarlo, alimentarlo, cuidarlo, etc. El cuerpo resulta embarazoso. Pero sobretodo es un cuerpo sensible al dicho, a las palabra. Éstas lo invaden", continuó Cecilia Quinn.
En su discurso, planteó la pregunta de qué efectos pueden tener las palabras en el cuerpo femenino. "No hay nada más que verlos: llantos, risa, rubor, palidez, pánico, ira, inquietud, sorpresa y angustia. Las palabras lo recortan, lo significan y arman síntomas", explicó Quinn.
En la segunda parte del discurso, la psicoanalista habló de la imagen en cuestión, una imagen del cuerpo femenino que se construye a modo de una obra. "El cuerpo que nos interesa en psicoanálisis no está dado de entrada, sino que es algo a construir, al modo de una obra. Para "tener" un cuerpo son necesarias algunas condiciones: un orgasmo, una imagen que le otorgue unidad, nominaciones y significaciones. La asunción de la imagen brinda una unidad ortopédica", afirmó Cecilia.
Después de hablar de la imagen del cuerpo que tienen de sí misma las mujeres durante la etapa de la primera regla, así como durante la etapa de la menopausia, y de la aceptación del cuerpo en estos dos momentos, explicó el duelo al que se enfrentan las mujeres, tanto en la pubertad como en la menopausia, ya que, de algún modo, pierden parte de su cuerpo: "En la pubertad se impone atravesar el duelo "por el cuerpo infantil" entre otros duelos. Aparece una gran ambivalencia respecto a los cambios. Sensación de extrañeza. Perder el cuerpo infantil "inaugura" un modo de goce diferente a los años de infancia. El pasaje implica del goce auto-erótico en su propio cuerpo a poder enlazarse a otros para disfrutar de la sexualidad (...) Cuando la maternidad ya no funciona como un todo, la mujer habrá de renovar la relación imaginaria con su propio cuerpo: verse y hacerse ver como mujer. Si la feminidad quedó reabsorbida por la maternidad, más dificultades habrá. El nido vacío es en realidad un nido "lleno" de dolor, de pesares, de rumiaciones, de reproches, de resentimientos, de nostalgia y de pesimismo. El trabajo será pasar de la reproducción a la producción. La pareja vuelve a primer plano (...)", explico la psicoanalista.
Para finalizar su discurso, Cecilia Quinn expuso otra diferencia entre la medicina y el psicoanálisis. "A diferencia de la medicina, para el psicoanálisis el cuerpo es portador de un relato único, singular. Y el psicoanálisis es una técnica del cuerpo que conmueve el goce del sujeto y trabaja para el deseo", concluyó Quinn.